No ocupes ni un minuto de tu tiempo
en la desesperanza, en la desilusión.
No te des por vencido, no te rindas.
Por poco que consigan
la fe y el optimismo,
las ganas de vivir y el esfuerzo templado
logran mejores frutos,
se apuntan más conquistas
que el cansancio o que la rendición.
Confía en tu poder.
Y allí donde no llegues
ponlo en manos de Dios.
