Acuérdate de Dios.
Cualquier momento es bueno.
Es este un pensamiento
que no daña ni ofende.
Sentirás el cobijo de su brazo,
el vigor de su mano providente,
la alegría de tu propia dignidad.
Las cosas, los sucesos,
tendrán otro sentido.
Verás en los hombres
el rostro del hermano.
Solo bondades y belleza brotan
del recuerdo de Dios.
