Miniaturas Inéditas 54

No me apetece, decimos con frecuencia.

Tres palabras y un falso parapeto,
en las que se agazapan el egoísmo,
la indiferencia y la comodidad.

No me apetece,
acudir a la llamada de auxilio
que me lanzan mis amigos.
No me apetece,
dejar mi siesta placentera
para atender y animar al desolado.
No me apetece, dejar mi casa sosegada
y compartir el sufrimiento ajeno.

Si sólo nos movemos por lo que sí,
o no, nos apetece,
acabará pudriéndosenos el corazón.

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