Jamás será tiempo perdido
el que empleas en servir a tu prójimo.
No hay tiempo ni acción tan constructivos,
tan fértiles y tan gratificantes,
como los que empleamos en la ayuda
y apoyo al hermano hombre.
El bien es contagioso.
Si eres generoso con los otros,
ellos harán lo mismo contigo
y con los próximos.
Se extenderá la bondad
como un hermoso contagio.
Y poco a poco, en tus proximidades,
florecerá como una explosión de primavera,
la solidaridad.
