El amor que no brota de continuo,
de continuo agoniza.
El amor no es un chorro incandescente
que surge y luego desparece.
Es un leve y constante manantial
que no cesa, y que brota, mansamente,
cada día y cada anochecer.
Es el pulso con el ritmo sostenido,
el hálito invariable,
el latido tenaz,
el soplo continuado.
El amor es perpetuo e incansable.
