Miniaturas 014

No fue precisamente simpatía
lo que Jesús mostrara hacia los ricos.
Las más duras palabras, el aviso más recio
los tuvo Jesucristo para los hacendados.
Nadie puede servir a dos señores:
al dinero o a Dios.

Por más que fustigara la avaricia,
el ansia de poder o de riquezas,
son éstas las que mueven los cimientos
del mundo y de los hombres.
Poderoso, en verdad, es este caballero
que ciega, que corrompe, que seduce o
soborna.

Nadie se reconoce sobradamente rico.
Lo cierto es que quien tiene,
o reparte, o usurpa.

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