«Ya no hay quien busque a Dios, ni uno siquiera.
Todos se extraviaron.
No hay quien haga el bien. Todos se han corrompido.
Sepulcro es su garganta, su boca es amargura,
veloces son sus pies para verter la sangre».
¿Sigue siendo verdad у tan sombrío
el panorama humano?
La bondad, sin embargo, está sembrada,
enterrada quizás, no es llamativa,
pero está, vive, brota, se levanta.
Como la levadura: con un pizco de bien
fermenta el pan redondo de la hermandad humana.
