Miniaturas 054

Es Dios quien busca al hombre:
ni uno solo se libra del ojeo,
de su larga batida у de su puntería.
No hay quien huya de su flecha amorosa
clavada agudamente en el hombro insensible.

Aunque huyas por el bosque, aunque te ocultes
en las grutas roqueñas о en los mares,
llevas clavado el dardo de su voz amigable.

Es inútil huir: detente y palpa
la suave llaga que Dios te ha causado
у responde a su voz y a su reclamo.

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