Miniaturas 119

¿Cómo puede el corazón humano
guardar rencor indefinidamente
al padre, al hermano, al viejo amigo?

Se le agranda la herida al rencoroso.
Le amarga el pensamiento,
se le agria el deseo,
se le retuerce el gesto,
le sangran las palabras
y se le congestiona la mirada.

El perdón lo cura todo
y ennoblece divinamente
al alma que lo otorga.

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