No te ciegue el trabajo.
Tu mujer, tu marido, tus hijos o tu madre
esperan algo más.
Necesitan cambiar, salir,
conocer otros mundos que el de la casa cotidiana.
Una salida al campo, al parque o al paseo,
la merienda en la cafetería,
el cine del domingo, el teatro o la iglesia,
la visita al familiar distante,
la tarde en casa del amigo común…
Es tonificante y saludable
dejar cada semana
la vida rutinaria del rutinario quehacer.
Salid. Divertíos. Sanamente.
