Mírate al espejo
cuando tengas el gesto avinagrado,
el ceño fruncido о la mirada airada.
No te conocerás.
No es esa tu faz,
no es ese el rostro que te identifica
o con el que eres conocido.
Pero antes,
y para evitar ese rictus de hosquedad,
destensa tus pensamientos,
dulcifica el sentir.
La cara es la tarjeta de visita
que entregas a los otros
en el primer encuentro.
