Si quien te ha querido siempre
y aún te quiere,
te pide un esfuerzo
que mejorará vuestra convivencia
y vuestra relación,
no te cierres, no te obstines
diciendo que tú no necesitas cambiar
ni dar un nuevo paso.
Cuando está en juego la paz mutua
y la felicidad doméstica,
la condescendencia es tu primera obligación.
