«Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente;
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh, Rey de los siglos!»
Ábrete a la belleza del universo
y disfruta la hermosura
de la naturaleza siempre viva.
Llena tus ojos del esplendor radiante
del verde o del amarillo de los campos.
La obra de Dios es imponente
y son justos y rectos sus caminos.
Palpita al compás de la naturaleza
y lee entre líneas
la escritura de Dios.
