Nо dejes de rezar cuando amanece,
que Dios pone en tus manos `
un día regalado y luminoso.
No olvides tu oración al mediodía
cuando tienes despiertos los sentidos
y te rebrinca la vida alegremente.
Acuérdate de Dios al declinar el sol
y bríndale gozoso tu fatiga.
Y antes de que te rinda el sueño
conversa unos minutos
con el Dios que ha guiado tu jornada.
