«El Señor está cerca de los abatidos».
Pero en torno nuestro sólo vemos
un cerco de tinieblas y dolor.
Las lágrimas te impiden
contemplar las estrellas
que Dios pone a tu alrededor
como signos visibles
de su presencia y de su cercanía.
Allí, al lado de cualquier padecimiento,
tienes la medicina que mitiga
todo abatimiento y depresión.
«El Señor está cerca de los abatidos».
