Busca en tu reloj
un tiempo apaciguado
dedicado a pensar.
¡Pensar! Facultad maravillosa
encomendada al hombre
para el rastreo de la verdad final.
Frena el vértigo y la aceleración
y siéntate a la sombra
de tus mejores y más sublimes pensamientos.
No dejes que se oxide
el mecanismo de tu raciocinio.
Descubrirás el auténtico valor
de cada cosa en su sitio
y lo que al final importa:
ser hombre cabal y honrado,
sensato y religioso.
