Dios venda la herida y cura con su mano
al que confía en su amor.
Él mitiga las llagas del que sufre
y serena el espíritu del que confía.
Ilumina las sombras y tinieblas
con la luz de su verdad.
Él dirige el camino del humilde
y se sienta junto a él en su fatiga.
Muestra la rectitud con sus preceptos
y sosiega la ansiedad del decaído.
Confiemos en Él. Él no defrauda.
