Nos suben a la boca, con frecuencia,
reproches, palabras agresivas
por cualquier contrariedad o disidencia.
Con ello enturbiamos
el sosegado manantial
de la vida familiar
o del grupo de amigos.
¿A qué conducen
los exabruptos, los gritos y las discusiones?
A romper el cristal transparente
de la convivencia amable.
Nunca resuelven nada,
amén de no ser justas,
esas palabras ofensivas o humillantes.
Controla tu voz y tus acentos.
