Oficio de sabios
llenos de humanidad,
es el de escuchar voces ajenas.
Llevamos tanta prisa, tantas prisas,
que no consideramos de utilidad alguna
el sentarnos al lado
de quien sólo necesita contar su sufrimiento
o la aventura cotidiana y anodina
pero que es todo su mundo.
Necesita un oído y un rostro atento
que calle junto a él y sólo escuche.
Es un oficio generoso y reparador.
