El Cardenal y Arzobispo de Valladolid D. Ricardo Blázquez publicaba una carta pastoral con motivo de la apertura de la causa de canonización del P. Gago, celebrada el 19 de junio de 2021 en la iglesia conventual de San Pablo de Valladolid.
Puedes leerla a continuación, o visitar la publicación original en la agencia SIC.
Card. Ricardo Blázquez
30/06/2021
El P. José Luis Gago nació en Palencia el año 1934 y murió en Valladolid el año 2012. El funeral tuvo lugar el 24 de diciembre por la mañana en una iglesia abarrotada de personas que indica la estima de aquí y de fuera por el padre Gago. El recuerdo reaviva la cordialidad. Después de haber recibido el “nihil obstat” de Roma, en la iglesia de San Pablo abrimos oficialmente la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización el día 19 de junio. En este convento fue prior en cuatro ocasiones. Hay circunstancias de lugar y tiempo que hablan un lenguaje de cercanía y afecto.
Con dos imágenes podemos expresar la impresión que nos dejó la vida y la muerte del querido padre Gago. La primera imagen es tradicional: Dejó un perfume y olor de santidad. La autenticidad y sencillez de su persona, de su condición de discípulo en la escuela de Jesús, de fraile dominico, de comunicador humano y cristiano… emitieron ese aroma que impregnó de fragancia el ambiente. La otra imagen: Dejó una estela luminosa, sin pretenderlo; en medio de la oscuridad que frecuentemente padecemos brilló sin buscar imagen ni titulares. Murió con fama de santidad. La autenticidad es nombre de lo genuino; refleja la identificación de una persona con su vocación como persona, como creyente, como religioso, como hombre relevante de la comunicación y de la organización de las comunicaciones. Ante todo fue sacerdote dominico; su identidad más honda fue plasmándose en un trabajo cualificado de comunicador cristiano con rasgos de profeta que veía en la lontananza.
El Papa Francisco, en el mensaje dirigido al Padre General de los Dominicos, de la Orden de Predicadores, con motivo del octavo Centenario de la muerte de Santo Domingo, su Fundador, entre otros títulos atribuidos a Santo Domingo se detiene en el “Predicador de la Gracia” (“Praedicator Gratiae”). Fue siempre el padre Gago, predicador “verbis et exemplo”, de la gracia, del Evangelio, de la misericordia. Es una bella coincidencia el Centenario y la apertura del proceso. Gago irradió con su vida bondad y amabilidad; anunció el Evangelio con buenas palabras, con ágil pluma, con palabras y hechos transparentes; sabiendo escuchar y ejercitando la amistad. ¡Cuántos se han hecho lenguas de lo que debían al padre Gago! Estas deudas solo se pagan con la gratitud del corazón.
El padre Gago fue una persona de la comunicación, un comunicador del Evangelio y de la imagen de Dios en el hombre inmensamente dignificada por ello. Estaba en paz con Dios, como transparentaba su persona interiormente pacificada. También en el sufrimiento del último tramo largo de su camino unió la doliente fragilidad humana que se desmoronaba con el aliento animador del Espíritu del Señor. Vivió ante Dios, sabiendo que Dios ve en lo escondido (cf. Mt. 6, 4-6, 18). Estaba sereno en el Señor, aunque sabía que debía padecer en pruebas diversas por algún tiempo (cf. 1 Ped. 1, 6-8).
Para la Iglesia de España su tarea de comunicador y de organizador de comunicadores fue avistando en el horizonte de amplio futuro una forma de comunicación y una valoración de la comunicación del Evangelio decisiva. Fueron protagonistas en aquel momento el padre Gago y otras personas aportando cada una su específica colaboración. Recuerdo en este contexto a mi paisano y familiar D. Bernardo Herráez, a quien tuve de profesor de Matemáticas en el Seminario de Ávila, y que según la costumbre de entonces fue el predicador de la primera misa que celebré en mi pueblo; aunque había recibido la ordenación de presbítero el 18 de febrero de 1967, no “canté misa” en mi parroquia hasta el día 30 de mayo, cuando habían vuelto los calefactores de Madrid y los pastores trashumantes de Extremadura. D. Bernardo, nacido el año 1930, fue Gerente del Episcopado desde 1975 y Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española desde 1977; Consejero Delegado de Asuntos Económicos de Radio Popular desde 1976 y Presidente del Consejo de Administración de COPE desde 1999.
Hoy recordamos al padre Gago, ante todo como fiel discípulo de Jesús con su vida y persona, con su incansable hacer y laboriosidad, con su forma de actuar y de relacionarse cordialmente con los demás. Agradecemos a él su actuación de larga provisión en relación con la comunicación en la Iglesia. La Cope no existiría hoy como tal sin su eficaz orientación y sin la organización de otras personas. Desempeñó el padre Gago los cargos de Jefe de Programación en Cope los años 1977-1981, Director General 1981-1984, Consejero General 1981-1984, Secretario de la Fundación Radio Popular desde 1993 hasta 2000. El capítulo nuevo en que se unen Cope y Trece llamado “Ábside” es también heredero de aquellas oportunas actuaciones.
Abrimos el proceso de beatificación y canonización. Es una convicción asentada profundamente en nosotros: Deseamos que su testimonio sea más y más conocido y sea oficialmente reconocido por la autoridad de la Iglesia. Que sea declarado beato, es decir, bienaventurado, dichoso. Un beato, un santo, no es una persona triste y ensimismada, encerrada en su interior como quien se refugia en un exilio aristocrático. Queremos a la luz de su vida y de su muerte glorificar a Dios que con su poder y misericordia enalte a su amigo humilde y mostrar que “un santo triste es un triste santo”, como en una feliz fórmula dijo Santa Teresa de Jesús, ya que el gozo sereno es un signo de haber recibido el Evangelio. Queremos proclamar a la luz de la trayectoria del padre Gago que Dios es fuente de humanidad serena y servicial, trabajadora y paciente, que con profundidad otea el futuro.
Quiero mostrar mi gratitud a los Dominicos y los familiares, a la Asociación Padre Gago, a los peritos históricos, a los miembros del Tribunal y a la Postuladora de la Causa. Nos alegramos con esta apertura oficial de la fase diocesana del proceso y ya estamos soñando con su culminación. ¡Qué buen lugar sería este magnífico templo para la celebración de la beatificación!
+ Card. Ricardo Blázquez
Arzobispo de Valladolid