
El día 1 de noviembre celebramos la festividad de Todos los Santos.
El Padre Gago, como tantas personas que nos han precedido y recordaremos siempre, es verdadero santo, por haberse dejado habitar por Dios en su vida y por su total confianza en Él.
El Padre Gago, al igual que todos los santos que celebramos en esta festividad, nunca supo que lo era. Y así, lo dejó escrito:
«GRACIAS, Señor, por el libro de los santos que añade, siglo a siglo, nuevos protagonistas.
Gracias por esos seres, magníficos en su humildad, que han sabido hacer que Dios ocupe su pensamiento y su sentir. En lo más hondo de sí mismos, contemplan tu vida y acaban experimentando el más grande amor jamás imaginado, al mismo tiempo, encendidos en tu bondad y en tu Sabiduría, se entregan a la lucha por mejorar el mundo, y pasar –como Jesús pasó- haciendo el bien.
Gracias, Señor, por los santos; por ellos, Tú sostienes el mundo y lo haces progresar. Así lo creo yo, aunque no tenga el valor de vestirme, de pies a cabeza, el evangelio de Jesús, tu Hijo y tu Palabra. Ayúdanos, al menos, a intentarlo. Amén».
(De su libro “Gracias, la última palabra”)