¿Sabías que el Padre Gago tenía predilección por la advocación de la Virgen del Rosario?

El Padre Gago nos dejó escrito:

«Señor Dios, te doy gracias por el ingenioso modo de hacer que la madre de tu Hijo sea también Madre nuestra… la sentimos cálida y suave como una mejilla pegada a nosotros en las oscuridades y los miedos de la vida en lucha que vivimos para llegar hasta ti, Señor de María».

(De su libro “Gracias, la última palabra”)

Antes de que el Padre Merino, su maestro de novicios, le afianzara su profunda devoción en la Madre Maestra, el Padre Gago ya había aprendido de su abuela Nicanora el fervor por el Rosario.

Lo rezaba a diario, con la fe puesta en la Madre que vela por sus hijos, sabiendo que María todo lo puede ante Dios.

«A la hora del Ángelus
hoy nos viene a la mente
un nombre de mujer
acariciado y tenido entre las manos:
María del Rosario, rosario de María.

Palabra y pensamiento entrelazados
en la oración más popular
que en los cinco continentes de la fe
elevan con humilde confianza
a María, puerta y estrella de los cielos.

En familia o a solas
el rosario recuerda el evangelio
y descifra el misterio salvador.

María del Rosario, ora pro nobis».

(“Miniaturas 249”)