
Muchos han sido quienes a lo largo de la historia han plasmado su amor a nuestra Madre, la Virgen Inmaculada, en bellas composiciones poéticas: Lope de Vega, Miguel Hernández, Gerardo Diego… y tantas personas anónimas.
El Padre Gago también fue un enamorado de María Inmaculada y le dedicó no pocos piropos en varias de sus “Miniaturas”, cual letanías del Santo Rosario:
«…Cristal terso y transparente…
…cálido nido de la divinidad…
…antífona del corazón creyente…
…hermosa pureza…»
Fue dispensador de elogios a la Virgen, defensor del amor incomparable de la Madre. El Padre Gago siempre llevó por bandera la veneración a María como Madre de todos, Inmaculada.
La oración mariana del Ángelus le inspiró para escribir sus libros de Miniaturas que recogían breves pensamientos que nos encaminan hacia la bondad, la alegría y la trascendencia que emanan del mensaje del Evangelio.
«María Inmaculada.
Distinción singular del mismo Dios
a la mujer que le haría hombre.
Seno materno y espíritu interior
limpios de mancha original
y de concupiscencias.
María va a ser Madre
y Dios se preparó las entrañas más puras
para anidar en ellas.
Que tu hermosa pureza, Reina y Madre María,
limpie nuestras manos
de vulgaridad y de torpeza».