
Cada 22 de noviembre la Iglesia celebra la memoria de Santa Cecilia, patrona de la música.
El Padre Gago compartía con Santa Cecilia su fascinación hacia los acordes armoniosos de la música y sus instrumentos. Ambos cantaban internamente a Dios con espíritu sensible y fidelidad evangélica.
A Santa Cecilia podemos verla representada en el arte tocando un clavecín junto a coros angélicos. Al Padre Gago podemos verle en fotografías tocando el órgano junto a coros que él ensayaba y tal vez algún día en un cuadro que plasme su faceta de “músico de Dios”.
El siervo de Dios y la santa, cada uno en su tiempo, fueron almas cargadas de una hermosa armonía que hicieron de sus vidas un concierto sinfónico, que hizo mucho bien a sus contemporáneos. El Padre Gago nos habló de ello en una de sus miniaturas:
«Como un concierto sinfónico
ha de ser tu vida familiar.
Se funda en la armonía:
cada uno en su tono у a su debido tiempo
aporta su canción o su acompañamiento.
Es suficiente con que uno desentone
para que la armonía se quebrante.
A veces, un solista
tendrá que cantar su partitura
ante el silencio у respeto de los otros.
Pero el concierto es precisamente eso:
concierto de tonos ajustados
en el que nadie impone su estridencia».
(“Miniaturas 158”)