
Parece contradictorio reconocer al Padre Gago como un gran comunicador, conversador y predicador y al mismo tiempo afirmar que sus palabras brotaban del silencio.
En lo más profundo del alma, en el silencio de su corazón, es donde escuchaba a Dios.
El Padre Gago dedicaba mucho tiempo a cultivar ese silencio interior habitado, de cuya fuente se llenaba su vida y por consiguiente toda palabra que salía de su boca.
«El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón…
porque de la abundancia del corazón habla la boca».
(Lc 6, 45)
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Dios es Palabra y el Padre Gago vivió para hacerla llegar a los demás, desde el altavoz de su silencio interior:
«Lo que desde el corazón sale por la boca
y se solidifica en acciones
es lo que limpia o lo que mancha al hombre.
Los malos pensamientos,
los falsos testimonios,
la blasfemia, la envidia
se engendran en la mente,
se agigantan en el corazón
y brotan por la boca o entre las manos.
Son nuestros pensamientos
lo que hemos de pulir. Vigila tu mundo interior, tu más íntimo ser
para que asome tan sólo por tus labios
la bondad y la nobleza de alma».