
El salmista escribió un canto de acción de gracias al Señor por haber escuchado sus súplicas en momentos de aflicción y se pregunta cómo responder ante la bondad de Dios:
«Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante…
¿Cómo le devolveré al Señor todo el bien que me ha hecho?…
Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo el pueblo».
(Salmo 116)
El Padre Gago, al igual que el salmista, solo tenía sentimientos de gratitud ante la misericordia de Dios, y así lo dejó reflejado en sus escritos:
«Te doy gracias, Señor, por esta vida mía en la que he sufrido y de la que he disfrutado. Con el hato de mi vida a la espalda, sólo palabras obligadas y de bendición tengo hacia Ti y sólo besar puedo la tierra que Tú pisas»
(“Gracias, la última palabra”)
«¿Cómo pagaremos al Señor
todo el bien que nos ha hecho?
Repasa lentamente, desde tu nacimiento
los muchos beneficios que de Él has recibido.
¿No es bastante
para que le des gracias?».