No hay balcón al que no nos asomemos
para saciar la curiosidad ansiosa
de cuanto ocurre más allá
de nuestra parcela personal.
Junto a esa necesidad de información,
ha de estar bien abierta la mirada
hacia el interior de nosotros mismos,
y hacer un seguimiento minucioso
de los imperativos y principios morales,
que rigen la conciencia de cada hombre.
Conocerlos y hacerlos decisivos.
