La crispación nos rodea.
Estamos todos contagiados
de irritabilidad y de acritud.
Creemos que todos nos acosan,
que el hombre es un lobo para el hombre.
Así no se puede vivir.
La condición social que nos caracteriza,
arranca del respeto y del aprecio
que unos a otros nos debemos.
La vida de los hombres
no es una selva de feroces animales.
Es una plaza de amigos,
es el hogar anchuroso
de millones de hermanos.
