Nuevas Miniaturas 030

Si albergas en tu corazón
un malquerer contra tu hermano,
no sólo amargas tus propios sentimientos:
cierras también los ojos y el oído de Dios
a tu presencia y a tu voz.

La carga del rencor sobre tus hombros
te impide subir las escaleras del altar
y ser allí acogida tu ofrenda y tu oración.

Si quieres ser oído y atendido
vuelve a reconciliarte con tu hermano.

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