Mide el alcance de lo que te ocurre
y verás cuán pocas cosas
son, de verdad, portadoras de tristeza.
Las pequeñas contrariedades cotidianas no turban
a quien pondera en su valor cuanto sucede.
Si perdemos la calma y el humor
es más por la tensión en que vivimos,
por la irritabilidad y el nerviosismo
que por la fuerza de los hechos.
