«No es mi día»,
«no está el horno para bollos»
decimos
cuando, sin saber la razón, o sin que exista,
estamos destemplados, nerviosos, irritables.
Y sin hacer el más pequeño esfuerzo
nos pasamos el día en carne viva:
todo nos incomoda, nada nos satisface,
nos alteran los otros,
respondemos con sequedad, ariscamente.
Nadie debe pagar las consecuencias
de nuestra inestabilidad emocional.
