No hay interés parejo
al interés común, al bien universal.
Los intereses, como la libertad,
tienen marcado el límite
en el derecho ajeno que se ha de respetar.
Lo que a mí me interesa
debe ser contrastado con lo que a otros conviene.
No se puede expropiar la libertad ajena
al amparo de falsas pretensiones.
Mala es la prepotencia
de quien, por fuerza о maña,
avasalla la cerca de la dignidad ajena.
Antes de reclamar
exígete a ti mismo no dañar a ninguno.
