Si tú no tienes segundas intenciones,
¿por qué han de tenerlas los demás?
Tu nobleza y tus rectas intenciones
son también condición de tu prójimo.
Admite a los demás sin prevenciones,
no asientes tu actitud en los prejuicios.
Recíbelos con sencillez
y escucha sus propuestas
con naturalidad y con franqueza.
Nadie pone trampas a tus pies.
Camina confiado.
