Las tablas de la ley están guardadas
en el arca de acacia de tu conciencia.
Grabados en la piedra berroqueña
están los mandamientos del Señor.
Ni el agua torrencial
ni el viento huracanado
podrán erosionar las normas esculpidas.
Abre de vez en cuando los portillos del arca
y juzga tu conducta
a la luz fulgurante de los diez mandamientos.
Pero, si se te olvidan,
recuerda solamente
el primero de todos: amarás al Señor
con todo el corazón, con toda el alma.
