¿Sabías que el Padre Gago aseguraba tener su propia parroquia?

El Padre Gago, antes que periodista, se consideraba dominico y sacerdote. Como si de un párroco se tratase, se sentía responsable de llevar a cabo su labor evangelizadora guiando a una comunidad de fieles.

¿Qué yo no tengo parroquia? —alegaba a quienes le preguntaban.

¡La COPE es mi parroquia! —afirmaba.

Eran muchos los fieles que esperaban no solo oír la voz del gran periodista, sino recibir la luz de la esperanza que su presencia de sacerdote, párroco y “santo de la radio” irradiaba. Su particular feligresía radiofónica no solo estaba formada por los oyentes a quienes se dirigía desde los micrófonos. También por sus compañeros periodistas, a quienes confesó, casó y bautizó a sus hijos. Sus testimonios atestiguan que fue bálsamo, consejo y magisterio siempre que lo necesitaron.

«Deja que la palabra salga bruñida у limpia de tu boca.
Que tu mente la engendre entretejida de verdad.
Que el corazón la aliente con el amor más ancho
y brote de tu paladar
con el perfil inconfundible de lo auténtico.
Que el tono de tu voz sea templado y cálido.
Que todo lo que digas sea terso y amable,
sin esquirlas о aristas que rocen la piel de tu hermano.

Así, toda palabra que salga de tu boca
será lejana imagen, —pero imagen, al fin—
de la Palabra eterna que se hizo carne nuestra».

(“Miniaturas 001”)