
Vivimos rodeados de opiniones, corrientes y mensajes que intentan orientar nuestras decisiones. El Padre Gago recordaba que existe una voz más profunda que todas ellas: la conciencia, a través de la cual, Dios nos ilumina.
Por eso escribió:
«No hay voz como esa voz
que mansamente grita
con claridad rotunda, sin soborno posible:
la voz de la conciencia, el monitor de Dios
que anticipa el anuncio у el mensaje,
el aviso y la norma a que hay que someterse.
…
No hay paz como la paz íntima
que produce en el alma proceder en conciencia.»
(“Miniaturas 015”)
Para el Padre Gago, formar la conciencia era más que aprender unas normas: era educar el corazón para reconocer la voz de Dios y responder a ella con libertad. Siempre creyó que la conciencia no era una simple opinión personal, sino el lugar donde Dios habla al corazón del hombre. Por eso exhortaba a escucharla, para aprender a escuchar a Dios.