¿Sabías que la palabra del Padre Gago fue «imagen de la Palabra Eterna que se hizo carne nuestra»?

El Padre Gago siempre usó la palabra como una forma de amar al prójimo. Tenía la habilidad de emplear el lenguaje solo para procurar el bienestar de las personas, pues su conversación era amable, constructiva y positiva. Y así, daba gracias al Señor por la palabra, «ese invento sencillo con que adornaste al hombre para hacerlo más parecido a Ti.»

Esta capacidad no era fruto del azar, sino de un empeño que ejercitó de manera consciente. Ayunó de maldecir porque de su voz sólo salían palabras de alabanza:

«Sea tu conversación como tu juicio, constructiva y elevada.
Si no puedes elogiar, ¡enmudece!»

(“Miniaturas inéditas 38”)

Por eso, de su conversación nadie salió nunca herido:

«Deja que la palabra salga bruñida у limpia de tu boca,
sin esquirlas о aristas que rocen la piel de tu hermano.

Así, toda palabra que salga de tu boca
será lejana imagen, —pero imagen, al fin—
de la Palabra eterna que se hizo carne nuestra.»

(“Miniaturas 001”)

Y así, rezaba al Padre:

«Afina nuestra voz para que salga limpia y alegradora, que ningún malquerer se enrede en la garganta para escupirlo entre dientes. Que el genial privilegio del habla sirva para lo que Tú lo inventaste: para la acción de gracias y para la alabanza, para el amor y el perdón. Y, en fin, para alabarte a Ti, Señor y Padre nuestro. Amén.»

(“Gracias por la palabra”)